Estamos tan acostumbrados a la medida del ser humano común, con su dosis de ruinidad y sus ratos de nobleza, que nos cuesta entender a esos hombres y mujeres que por su historia y natural inclinación  se ha despojado  de lo superfluo y no necesitan vericuetos para llegar a la verdad. Son individuos contentos consigo mismos que viven apasionadamente su vocación. Cuando tienen poder rehusan dominar. Hablan, no por gloria personal, sino simplemente para beneficio de lo humano y de la misión que han encontrado. En ellos la humanidad no es una pose, es un modo de ser. El odio no los alcanza. Suelen ser artistas, intelectuales, científicos, líderes sociales o políticos . Unos pocos son religiosos. Como son tan escasos, no pueden evitar ser personajes.

Los podemos reconocer por su valentía, entereza y disposición a compartir. No es raro que sus gestos, su mirada, su calma o su sola presencia impongan un ambiente de especial dignidad. Es lo que sucede con Sergio Méndez Arceo, VII obispo de Cuernavaca y que nos lleva a llamarlo  ¨un señor Obispo¨.

Sergio Méndez Arceo, un Señor Obispo

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