Visiones de Gerard es un libro triste, es quizá la novela más triste de Kerouac, que todas lo son de algún modo. Estamos ante una elegía, ante un lamento luctuoso. Si en Tristessa, los subterráneos e incluso en el camino hay melancolía, en visiones de Gerard hay dolor, la húmeda atmósfera melancolía se torna aquí por momentos en duro sufrimiento; ni siquiera en Big Sur, donde el dolor está muy presente, encontramos pesares tan hondos. Pero finalmente el literato Kerouac urbe bien este drama y le agrega sólo el azúcar necesario para que la historia no derive en un melodrama melifluo o en una tragedia barata. La novela esta inyectada de religiosidad, su personaje central, el hermano mayor del autor que muere a los nueve años de una enfermedad por entonces (1926) mortal, le otorga a Kerouac la perfecta oportunidad de evacuar todo el bolo digestivo espiritual que almacena en sus intestinos y convertirlo en tema literario. El tema protagónico de visiones de Gerard es la muerte, la muerte de un niño enfermo, el hermano del autor (quien al momento del deceso tenía cuatro años). La muerte vista aquí no en su inmanencia sino como un acto inscrito en un universo paralelo al de la finitud de la vida, como un acontecimiento que trasciende la mera biologicidad de las especies y que posee un significado sagrado. El mito de Gerard le pesó tanto a Kerouac que en la novela, afirma que él escribía para hacerle honor a la muerte de su hermano. La novela puede leerse relacionándola o no con otras novelas del autor; como sea estamos ante una obra producto de una prosa espontánea que cava profundo en la vivencia más importante del homo sapiens: morir.

Visiones de Gerard

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